La Iglesia en La Paz

Lo destacado

Reflexiones

Considera lo que digo y el Señor te dé entendimiento en todo (2 Timoteo 2:7)

TRATANDO CON LOS PECADOS Y SATANÁS

Una de las armas eficientes de Satanás es desanimarnos por causa de nuestros defectos y errores. Él siempre está atento a nuestras reacciones porque éstas exponen nuestros defectos, para, en el momento oportuno, acusarnos delante de Dios. Por tal motivo necesitamos poner atención a las palabras del apóstol Pedro y echar toda nuestra ansiedad sobre el Señor, que tiene cuidado de nosotros (1 Pedro 5:7).

También debemos ser sobrios y vigilantes, ya que el diablo, nuestro adversario, anda a nuestro alrededor como león rugiente buscando a quién devorar (v. 8). Cuando pecamos y caemos bajo la condenación de Satanás, somos devorados por él. Por eso, debemos vigilar en todo momento en la presencia del Señor. Vigilar significa estar siempre preparado contra el ataque de Satanás. Necesitamos vigilar para no dar lugar al diablo (Efesios 4:27) ni darle ocasión para que nos devore.

Satanás está constantemente observándonos. A veces cometemos pecados de manera oculta y permanecemos tranquilos porque los hombres no saben lo que hicimos, pero nosotros mismos sabemos y Satanás también lo sabe. Eso es suficiente para ser devorados por él. Cuando pecamos debemos arrepentirnos. Si insistimos en pecar ocultamente y no nos arrepentimos ciertamente un día todo será expuesto y seremos avergonzados delante de los demás. Si algo que hacemos no le da paz a nuestra conciencia o nos lleva a ser reprendidos por el Señor que mora en nuestro interior, inmediatamente debemos arrepentirnos. Si hacemos esto, no le daremos oportunidad a Satanás para que encuentre alguna cosa por la cual nos pueda devorar.

Satanás es el acusador, nos acusa en nuestra conciencia y también delante de Dios (apocalipsis 12:10; Zacarías 3:1). ¿Qué hacer cuando estas acusaciones surjan? Si ya nos hemos arrepentido y aplicamos la sangre del Señor debemos decirle a Satanás que no tiene más de que acusarnos, pues ya estamos purificados por la sangre del Cordero y tenemos la conciencia tranquila delante de Dios. Sin embargo, si somos acusados por algún pecado que aún no hemos confesado y del cual no nos hemos arrepentido, esta es la oportunidad para que lo hagamos.

Debemos resistir a Satanás, que nos acusa de día y de noche, permaneciendo firmes en la fe (1 Pedro 5:9; Santiago 4:7). Para ello debemos usar la sangre del Cordero, la palabra del testimonio y menospreciar nuestra vida hasta la muerte (Apocalipsis 12:11). Cuando Satanás nos acusa de alguna cosa con la cual ya hemos tratado delante de Dios, debemos resistir, diciéndole: Satanás, realmente hice todo eso de lo que me acusas, pero esos pecados ya fueron borrados por Dios, ¡pues ya los confesé y me arrepentí de ellos, por tanto, fui purificado por la sangre del Cordero! ¡Esta es la palabra del testimonio que tenemos que dar!

Reportajes

Sample Image

Café evangelístico

Hace cinco años, el misionero mexicano Mauricio Salazar y su equipo, abrieron las puertas de “El Faro”...Más

Twitter